(Mc 16,15-20) Andate in tutto il mondo e proclamate il Vangelo.

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VANGELO DI MERCOLEDì 25 APRILE 2018

(Mc 16,15-20) Andate in tutto il mondo e proclamate il Vangelo. +

Dal Vangelo secondo Marco

In quel tempo, [Gesù apparve agli Undici] e disse loro: «Andate in tutto il mondo e proclamate il Vangelo a ogni creatura. Chi crederà e sarà battezzato sarà salvato, ma chi non crederà sarà condannato. Questi saranno i segni che accompagneranno quelli che credono: nel mio nome scacceranno demòni, parleranno lingue nuove, prenderanno in mano serpenti e, se berranno qualche veleno, non recherà loro danno; imporranno le mani ai malati e questi guariranno». Il Signore Gesù, dopo aver parlato con loro, fu elevato in cielo e sedette alla destra di Dio. Allora essi partirono e predicarono dappertutto, mentre il Signore agiva insieme con loro e confermava la Parola con i segni che la accompagnavano.

Parola del Signore

LA MIA RIFLESSIONE

PREGHIERA.

CREDO SIGNORE, AIUTAMI A CREDERE!

Oggi vorrei fermarmi con voi alle parole di questa preghiera che mi è sgorgata dal cuore: Credo Signore….. per tua grazia, per tuo dono, io oggi posso affermare di credere. Credo in tutto quello che la tua Chiesa mi ha insegnato, nonostante l’ umana fragilità degli uomini di Chiesa e la mia. Marco è duro, ma realista, e ci spinge a leggere le parole di Gesù in tutta la loro franchezza, perchè sono parole che se non riusciamo a tradurre in realtà, ci lasceranno fuori dalla porta. Quella porta che possiamo senza timore di sbagliare, dire che è Gesù! Non era la presenza di Gesù che cambiò gli uomini, perchè molti restarono uguali a ciò che erano prima di incontrarlo; ma quelli che credettero in lui, quelli che gli permisero di cambiare la loro vita, furono battezzati e furono salvati. Solo chi crede veramente, riesce ad evangelizzare, perchè non proclama delle aride teorie, ma trasmettette la gioia del Vangelo ricevuto. La fede è un grande dono che si riceve nel battesimo, è una grazia che ci viene donata, che resta chiusa in uno scrigno fino a che non decidiamo di affidare la nostra vita a Dio. I segni che sapremo vedere, che sapremo vivere, saranno la dimostrazione che Dio è veramente entrato a far parte della nostra vita, che siamo cambiati e rinati, che ora viviamo da risorti ed il peccato non regna più nei nostri cuori; questa gioia è quella che potremo annunziare, anche se indegni, ma consapevoli di essere salvati per amore.

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COMMENTO DI:

Mons. Agustí CORTÉS i Soriano Vescovo di Sant Feliu de Llobregat (Barcelona, Spagna)

Oggi, ci sarebbe molto da dire sulla essenza del perché non risuona con forza e convinzione la parola del Vangelo, perché i cristiani osserviamo un silenzio sospettoso su ciò che crediamo, nonostante la chiamata alla “nuova evangelizzazione”. Ognuno farà la propria analisi e indicherà la sua particolare interpretazione. Ma nella festa di San Marco, ascoltando il Vangelo e guardando l’evangelizzatore, non possiamo fare a meno di proclamare con sicurezza e gratitudine dov’è l’origine e in che consiste la forza della nostra parola. L’evangelizzatore non parla così perché glielo raccomanda uno studio sociologico del momento, perché glielo detti una “prudenza” politica e nemmeno perché “nasce dal dire ciò che pensa”. Senza preamboli gli viene imposta una presenza e un mandato dall’esterno, senza coercizione, ma con l’autorità di chi è degno di tutto credito, “Vai in tutto il mondo e predica il Vangelo ad ogni creatura” (cf. Mc 16,15). Cioè, noi evangelizziamo per obbedienza, ma anche con gioia e fiducia. La nostra parola, d’altra parte, non si presenta come una in più nel mercato delle idee e delle opinioni, ma ha tutto il peso dei messaggi forti e definitivi. Della sua accettazione o rifiuto dipendono la vita o la morte; e la sua verità, il suo potere di persuasione, arriva per la via testimoniale, ovvero, accreditato da segnali a favore dei bisognosi. Perciò è, propriamente, una “proclama” una dichiarazione pubblica, felice, emozionata, di un fatto decisivo e salvatore. Perché, allora, il nostro silenzio? Paura, timidezza? Diceva San Giustino che “gli ignoranti e incapaci di eloquenza, persuasero con la virtù tutta l’umanità”. Il segno o miracolo della virtù è la nostra eloquenza. Lasciamo almeno che il Signore in mezzo a noi e con noi realizzi la sua opera «mentre il Signore operava insieme con loro e confermava la parola con i prodigi che l’accompagnavano» (Mc 16,20).

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3 pensieri riguardo “(Mc 16,15-20) Andate in tutto il mondo e proclamate il Vangelo.”

  1. VERSIONE IN SPAGNOLO DI COMENTARIO DE:
    Mons. Agustí CORTÉS i Soriano Obispo de Sant Feliu de Llobregat
    (Barcelona, España)

    Hoy habría mucho que hablar sobre la cuestión de por qué no resuena con fuerza y convicción la palabra del Evangelio, por qué guardamos los cristianos un silencio sospechoso acerca de lo que creemos, a pesar de la llamada a la “nueva evangelización”. Cada uno hará su propio análisis y apuntará su particular interpretación.
    Pero en la fiesta de san Marcos, escuchando el Evangelio y mirando al evangelizador, no podemos sino proclamar con seguridad y agradecimiento dónde está la fuente y en qué consiste la fuerza de nuestra palabra.
    El evangelizador no habla porque así se lo recomienda un estudio sociológico del momento, ni porque se lo dicte la “prudencia” política, ni porque “le nace decir lo que piensa”. Sin más, se le ha impuesto una presencia y un mandato, desde fuera, sin coacción, pero con la autoridad de quien es digno de todo crédito: «Ve al mundo entero y proclama el Evangelio a toda la creación» (cf. Mc 16,15). Es decir, que evangelizamos por obediencia, bien que gozosa y confiadamente.
    Nuestra palabra, por otra parte, no se presenta como una más en el mercado de las ideas o de las opiniones, sino que tiene todo el peso de los mensajes fuertes y definitivos. De su aceptación o rechazo dependen la vida o la muerte; y su verdad, su capacidad de convicción, viene por la vía testimonial, es decir, aparece acreditada por signos de poder en favor de los necesitados. Por eso es, propiamente, una “proclamación”, una declaración pública, feliz, entusiasmada, de un hecho decisivo y salvador.
    ¿Por qué, pues, nuestro silencio? ¿Miedo, timidez? Decía san Justino que «aquellos ignorantes e incapaces de elocuencia, persuadieron por la virtud a todo el género humano». El signo o milagro de la virtud es nuestra elocuencia. Dejemos al menos que el Señor en medio de nosotros y con nosotros realice su obra: estaba «colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban» (Mc 16,20). 25 APRILE 2018
    Día litúrgico: 25 de Abril: San Marcos, evangelista
    Texto del Evangelio (Mc 16,15-20): En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien».
    Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.
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    MI REFLEJO
    ORACIÓN.
    Creo Señor, Ayúdame a creer!
    Hoy me gustaría dejar con ustedes las palabras de esta oración que brotó del corazón: Creo ….. Señor por su gracia, un regalo de usted, ahora puedo afirmar que creer.
    Creo en todo lo que su iglesia me ha enseñado, a pesar de la fragilidad humana de eclesiásticos y la mía.
    Marco es difícil, pero realista, y nos insta a leer las palabras de Jesús en toda su franqueza, porque son palabras que si no somos capaces de convertir en realidad, vamos a salir por la puerta.
    Esa puerta que podemos sin temor a equivocarse, a decir que es Jesús!
    Fue la presencia de Jesús, que cambió los hombres, porque muchos eran los mismos que lo que eran antes de conocerlo; pero los que creen en él, que le permitió cambiar sus vidas, fueron bautizados y se salvaron.
    Sólo aquellos que verdaderamente creen, es capaz de evangelizar, porque no proclama las teorías áridas, pero trasmettette la alegría del Evangelio recibido.
    La fe es un gran don recibido en el bautismo, es una gracia que nos es dada, que permanece encerrado en un ataúd hasta que deciden confiar nuestras vidas a Dios.
    Las señales de que vamos a ver que vamos a vivir, será la prueba de que Dios realmente se convirtió en parte de nuestras vidas, somos cambiados y regenerados, ahora vivimos como resucitado y el pecado ya no reina en nuestros corazones; esta alegría es lo que predicamos, aunque indigno, pero consciente de ser salvados por el amor.
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    COMENTARIO DE:
    Mons. Agustí CORTÉS i Soriano Obispo de Sant Feliu de Llobregat
    (Barcelona, España)

    Hoy habría mucho que hablar sobre la cuestión de por qué no resuena con fuerza y convicción la palabra del Evangelio, por qué guardamos los cristianos un silencio sospechoso acerca de lo que creemos, a pesar de la llamada a la “nueva evangelización”. Cada uno hará su propio análisis y apuntará su particular interpretación.
    Pero en la fiesta de san Marcos, escuchando el Evangelio y mirando al evangelizador, no podemos sino proclamar con seguridad y agradecimiento dónde está la fuente y en qué consiste la fuerza de nuestra palabra.
    El evangelizador no habla porque así se lo recomienda un estudio sociológico del momento, ni porque se lo dicte la “prudencia” política, ni porque “le nace decir lo que piensa”. Sin más, se le ha impuesto una presencia y un mandato, desde fuera, sin coacción, pero con la autoridad de quien es digno de todo crédito: «Ve al mundo entero y proclama el Evangelio a toda la creación» (cf. Mc 16,15). Es decir, que evangelizamos por obediencia, bien que gozosa y confiadamente.
    Nuestra palabra, por otra parte, no se presenta como una más en el mercado de las ideas o de las opiniones, sino que tiene todo el peso de los mensajes fuertes y definitivos. De su aceptación o rechazo dependen la vida o la muerte; y su verdad, su capacidad de convicción, viene por la vía testimonial, es decir, aparece acreditada por signos de poder en favor de los necesitados. Por eso es, propiamente, una “proclamación”, una declaración pública, feliz, entusiasmada, de un hecho decisivo y salvador.
    ¿Por qué, pues, nuestro silencio? ¿Miedo, timidez? Decía san Justino que «aquellos ignorantes e incapaces de elocuencia, persuadieron por la virtud a todo el género humano». El signo o milagro de la virtud es nuestra elocuencia. Dejemos al menos que el Señor en medio de nosotros y con nosotros realice su obra: estaba «colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban» (Mc 16,20).

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  2. VERSIONE IN INGLESE DI MARTEDì 25 APRILE 2018
    Liturgical day: April 25th: Mark, evangelist
    Gospel text (Mc 16,15-20): Jesus appeared to the Eleven and said to them, «Go out to the whole world and proclaim the Good News to all creation. The one who believes and is baptized will be saved; the one who refuses to believe will be condemned. Signs like these will accompany those who have believed: in my Name they will cast out demons and speak new languages; they will pick up snakes and, if they drink anything poisonous, they will be unharmed. They will lay their hands on the sick and they will be healed».
    So then, after speaking to them, the Lord Jesus was taken up into heaven and took his place at the right hand of God. The Eleven went forth and preached everywhere, while the Lord worked with them and confirmed the message by the signs that accompanied them.
    ————————————-
    MY REFLECTION
    PRAYER.
    I BELIEVE THE LORD, HELP ME TO BELIEVE!
    Today, I would like to stop with you in the words of this prayer that has flowed from my heart: I believe, Lord … for your grace, for your gift, today I can claim to believe.
    I believe in everything that your Church has taught me, despite the human fragility of Church men and mine.
    Marco is hard, but realistic, and pushes us to read the words of Jesus in all their frankness, because they are words that if we can not translate in reality, they will leave us out of the door.
    That door that we can without fear of mistake, say that it is Jesus!
    It was not the presence of Jesus who changed men, for many remained the same as they were before meeting him; But those who believed in him, those who allowed him to change their lives, were baptized and saved.
    Only those who truly believe can evangelize, because he does not proclaim the arid theories but transmit the joy of the gospel received.
    Faith is a great gift that is received in baptism, is a grace given to us, which is left in a chest until we decide to entrust our life to God.
    The signs we will see that we will live will be a demonstration that God has truly become part of our lives, that we have changed and reborn, that we now live in resurrection, and sin no longer reigns in our hearts; This joy is what we can announce, though we are unworthy, but aware of being saved for love.
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    COMMENT OFF:
    Mons. Agustí CORTÉS i Soriano Bishop of Sant Feliu de Llobregat
    (Barcelona, Spain)

    Today, there would be plenty to speak about as to why the word of the Gospel does not reverberate with strength and conviction; as to why we, Christians, keep a leery silence regarding what we believe in, in spite of the so called “new evangelization”. Each one will make his own analysis and will come out with his particular version.
    But in the festivity of St. Mark, while listening to the Gospel and looking at the Evangelist, we cannot but proclaim assuredly and gratefully where the source is and where the strength of our word lies.
    The gospeller does not speak because he has been told so by a recent sociological study, or because of political “prudence”, or because “he feels like saying what he thinks about”. No, he does it, because a presence and a command have certainly been prescribed upon him, from the outside, without coercion, but with the authority of who deserves all the credit: «Go out to the whole world and proclaim the Good News to all creation» (Mk 16:15). That is, that we yieldingly evangelize, although we do it gleefully and confidently.
    On the other hand, our word is not presented just like another one out of the market of ideas and views, but it has the whole weight of all strong and explicit messages. Life or death depend upon its recognition or rejection; and its truth, its capacity for conviction, comes the testimonial way, that is, it appears accredited by the signs of power in favor of the needy. This is why it actually is an “announcement”, a public, happy and excited statement, of a conclusive and saving fact.
    Why, then, our silence? Fear, shyness? St. Justin said that «though unlettered and without any fluency, they could persuade mankind because of their virtue». The sign or miracle of virtue is our eloquence. Let the Lord carry out, at least, His work, in our midst and with us: «While the Lord worked with them and confirmed the message by the signs that accompanied them» (Mk 16:20).

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  3. VERSIONE IN FRANCESE DI MERCOLEDì 24 APRILE 2018

    Jour liturgique : 25 avril: St. Marc, évangéliste Texte de l’Évangile (Mc 16,15-20):
    Puis il leur dit: «Allez dans le monde entier. Proclamez la Bonne Nouvelle à toute la création. Celui qui croira et sera baptisé sera sauvé; celui qui refusera de croire sera condamné. Voici les signes qui accompagneront ceux qui deviendront croyants: en mon nom, ils chasseront les esprits mauvais; ils parleront un langage nouveau; ils prendront des serpents dans leurs mains, et, s’ils boivent un poison mortel, il ne leur fera pas de mal; ils imposeront les mains aux malades, et les malades s’en trouveront bien». Le Seigneur Jésus, après leur avoir parlé, fut enlevé au ciel et s’assit à la droite de Dieu. Quant à eux, ils s’en allèrent proclamer partout la Bonne Nouvelle. Le Seigneur travaillait avec eux et confirmait la Parole par les signes qui l’accompagnaient.

    REFLEXION DE LELLA

    PRIERE : JE CROIS SEIGNEUR, AIDE MOI A CROIRE.
    Aujourd’hui je voudrais m’arrêter avec vous aux Paroles de cette prière qui a jailli de mon coeur: Je crois…..pour ta grâce, pour ton don, aujourd’hui je peux affirmer de croire. Je crois en tout ce que tu m’a enseigné malgré la fragilité humaine des hommes de l’Église et la mienne.

    – Marc est dur, mais réaliste, et il nous pousse à lire les Paroles de Jésus en toute leur franchise, parce que ce sont des paroles que si nous ne réussissons pas à traduire en réalité, nous resteront dehors de la porte. Cette porte que nous pouvons sans peur de nous tromper, dire qu’elle est Jésus!
    Ce n’était pas la présence de Jésus qui changea les hommes, parce que nombreux restèrent égaux à ce qu’ils étaient avant de le rencontrer; mais ceux qui ont crut en lui, ceux qui lui permirent de changer leur vie furent baptisés et ils furent sauvés. Seulement ceux qui croit vraiment, réussissent à évangéliser, parce qu’ils ne proclament pas des théories arides mais transmettent la joie de l’Évangile reçu. La foi est un grand don que l’on reçoit pendant le baptême, c’est une grâce qui nous est donnée, qui reste enfermée dans un coffre tant que nous ne nous décidons pas de confier notre vie à Dieu. Les signes que nous saurons voir, que nous saurons vivre, seront la démonstration qui est entré vraiment pour faire partie de notre vie, qui nous a changés et fait renaitre, que maintenant nous vivons en ressuscités et le péché ne règne plus dans nos coeurs; cette joie est celle que nous pourrons annoncer, même si nous nous sentons indignes, mais conscients d’être sauvé par amour.
    ————————————–
    COMMENTAIRE DE:
    Mgr. Agustí CORTÉS i Soriano Evêque de Sant Feliu de Llobregat
    (Barcelona, Espagne)

    Aujourd’hui il y aurait beaucoup à dire sur la raison pour laquelle la parole de l’Évangile n’a pas la force et la conviction qu’elle devrait avoir et pourquoi nous, chrétiens, gardons un silence suspect vis-à-vis de nos croyances, en dépit de l’appel à la “nouvelle évangélisation”. Chacun devra faire sa propre analyse et prendra note de sa propre interprétation.
    Mais en cette fête de Saint Marc, en écoutant l’Évangile et en voyant l’Évangélisateur, nous ne pouvons que proclamer avec assurance et gratitude où est la source et en quoi consiste la force de notre parole.
    L’évangélisateur ne parle pas pour suivre une étude sociologique du moment, ni par “prudence” politique, ou encore moins parce que “il nous arrive de dire ce que nous pensons”. Il répond simplement à un ordre ainsi qu’à une présence venue de l’extérieur, qui lui ordonne sans pression, mais avec l’autorité de Celui qui est digne de toute confiance: «Allez dans le monde entier. Proclamez la Bonne Nouvelle à toute la création» (Mc 16,15). C’est à dire que nous évangélisons par obéissance mais dans la joie et la confiance.
    Notre parole, d’autre part, ne se présente pas comme une de plus dans le “marché” d’idées et d’opinions, mais elle a tout le poids des messages forts et définitifs. La vie et la mort dépendent de son acceptation ou de son refus, et sa vérité et sa capacité de conviction lui ont été conférées par des témoignages, c’est à dire, elle a été accréditée par des signes de pouvoir en faveur de ceux qui sont dans le besoin. C’est pour cela que cette parole est une “proclamation”, une déclaration publique, joyeuse et enthousiaste d’un fait décisif et salvateur.
    Alors pourquoi ce silence? Peur, timidité? Saint Justin disait: «Les ignorants et ceux qui sont incapables d’éloquence ont persuadé par leur vertu tout le genre humain». Le signe ou le miracle de la vertu est notre éloquence. Laissons au moins le Seigneur accomplir ses œuvres à travers et parmi nous: «Le Seigneur travaillait avec eux et confirmait la Parole par les signes qui l’accompagnaient» (Mc 16,20).

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